“Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré con Jesús, llamado el Cristo? Todos respondieron: ¡Sea crucificado!” Mateo 27:22
Martes de Controversia: ¿Qué haré pues con Jesús?
Esta es la pregunta más importante que una persona puede hacer. Amados hermanos y hermanas en Cristo, hoy nos reunimos en este lugar para recordar la pasión de nuestro señor Jesucristo y recordar el sacrificio para nuestra salvación. No solo nos reunimos como una comunidad de fe, sino como individuos confrontados por una pregunta que ha resonado a través de los siglos, una pregunta que cada alma encuentra en el cruce de caminos de su vida espiritual: "¿Qué haré pues con Jesús?"
Nos encontramos en un
momento similar al que enfrentó Poncio Pilato, que se hallaba ante una multitud
agitada, con la autoridad de liberar a un hombre. La decisión parecía sencilla
desde una desde un punto de vista de justicia humana: liberar al inocente y
condenar al culpable. Sin embargo, Pilato se encontraba atrapado no solo por
las leyes de la tierra sino también por las expectativas y presiones de la
sociedad que gobernaba. En su dilema, Pilato nos pregunta indirectamente a cada
uno de nosotros: "¿Qué haré pues
con Jesús?"
Esta pregunta
trasciende en el tiempo. No se limita a la historia de la Pasión de Cristo; se
extiende hasta el aquí y ahora, cuestionando a cada corazón y a cada
conciencia. "¿Qué haré pues con
Jesús?" no es solo una reflexión sobre una figura histórica o
espiritual; es una pregunta sobre cómo vivimos, cómo amamos, cómo servimos y
cómo encarnamos los valores del Evangelio en nuestra vida diaria.
1. ¿Qué hizo Pilato con Jesucristo?
En primera demanda no
hayo culpabilidad en Él e intentó librarlo apelando a la compasión del pueblo
que lo juzgaba, pues sabía que por envidia lo entregaron. Intento soltar un
preso pensando que lo escogerían a Él sobre el asesino. Pilato tenía que tomar
una decisión: condenarlo o soltarlo. Al final se lavó las manos, una excusa
para no tomar esa decisión. Un camino de la conveniencia, ahogando la voz de su
conciencia y de la justicia. Hoy pregunto queridos hermanos ¿Elegimos liberar a
Jesús en nuestras vidas, permitiéndole transformarnos, o lo condenamos al
olvido, eligiendo en su lugar las cadenas de nuestras propias versiones de
Barrabás: el egoísmo, la indiferencia, el materialismo?
2. ¿Qué hizo el pueblo de Israel con Jesucristo?
Siendo manipulados y
gritando a un solo coro ¡Sea crucificado! La multitud del pueblo eligió a
Barrabás, sobre Jesucristo, eligiendo la violencia sobre la paz, el odio sobre
el amor, la revuelta sobre la redención. A menudo, sin darnos cuenta,
crucificamos a Jesús nuevamente cuando elegimos caminos que se alejan de sus
enseñanzas. Cada vez que ignoramos el llamado al amor y al servicio, cada vez
que priorizamos nuestras necesidades y deseos sobre el bienestar de los demás,
estamos diciendo, cómo aquella multitud: "¡Sea crucificado!"
3. ¿Qué haré de Jesucristo?
La pregunta marca
nuestro propio dilema. ¿Qué actitud tomaré?
a)
Recibirlo o despreciarlo
(Juan 1:11-12) 11 A lo suyo vino, y
los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que
creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Esta elección entre
aceptar o despreciar a Jesús marca el inicio de nuestro camino espiritual,
definiendo el fundamento sobre el cual construimos nuestra relación con Él.
b)
Estar a favor o en
contra de Él (Mt: 12:30), El que no es
conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. Estar a
favor o en contra de Él determina no solo nuestra dirección espiritual sino
también el impacto de nuestras vidas en el reino de Dios. En (Ap. 3:15-16) 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses
frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te
vomitaré de mi boca. Dios nos confronta con la realidad de que no hay
terreno neutral en nuestra relación con Jesús.
c)
Confesarlo o Negarlo (Mt: 10:32-33) 32 A cualquiera, pues, que me confiese
delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en
los cielos. 33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también
le negaré delante de mi Padre que está en los cielos. La decisión de
confesar o negar a Jesús no es meramente una declaración de creencias; es una
manifestación de nuestra fidelidad y valentía en la fe, especialmente frente a
la adversidad.
d) O lo dejaré entrar o lo excluiré de mi vida (Ap. 3:20) 20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi
voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. El pasaje nos invita a
considerar nuestra disposición a abrirle espacio a Jesús en nuestra vida. Esta
elección entre dejar entrar o excluir a Jesús de nuestras vidas simboliza la
intimidad y la comunión que Él desea tener con cada uno de nosotros.
Hoy, la controversia
fue con respecto a la pregunta ¿Qué haré
pues con Jesús? Esta pregunta nos invita a reflexionar sobre nuestra
relación personal con Él. No es una simple pregunta. Es una invitación
a vivir de acuerdo con los valores del Evangelio. Es una invitación a liberar a
Jesús en nuestras vidas, permitiéndole guiarnos en cada decisión, en cada
acción, en cada palabra.
Que esta pregunta
resuene en nuestros corazones no como un eco del pasado, sino como un llamado que
resuene en nuestros corazones con fuerza. Que al salir de aquí, cada uno de
nosotros pueda llevar en su corazón la firme decisión de vivir de una manera
que refleje nuestra elección de abrirle las puertas a Jesús en nuestras vidas,
permitiéndole reinar en nuestros corazones, que transforme nuestras vidas, que transforme
nuestras acciones y principalmente que guie nuestros pasos.
Quiero dejarles con
esta última reflexión. Se han puesto a pensar que cuando estemos en el gran juicio
delante de Dios se nos hiciera la misma pregunta. ¿Qué haré con esta alma?
DI. IQD
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